Hay un tipo de personas por las cuales sentí mis reservas durante mucho tiempo. Viste esa clase de macho tipo “los hombres no lloran”, tipo coleccionador de mujeres, de proezas sexuales. Esa clase de hombre que da palmadas en la espalda cuando abraza, porque el contacto sincero los pone demasiado incómodos. Esa clase de bestias que casi ofenden con la sexualidad que emanan.
Pero hablo también de esa personalidad que si la tienes de tu lado te hace sentir seguro. De esa clase de minotauros, que tienen la fuerza para mover vidas. De esa clase de guerreros que conquistan corazones. De esos antiguos señores de sombrero y terno que se robaban a la novia, retando a la ira de la familia. Esa clase de fuerza, cazadora, primal, capaz de enfrentarse a bestias salvajes para alimentarse, y alimentar a su clan.
Hoy quiero hacer las paces con esa figura. Hacerle un pequeño homenaje a esa masculinidad histórica, milenaria, y en el fondo, llena de belleza. Que lo disfruten.
Tengo un sabor a limón en la boca, y me pregunto si seré capaz de transmitirlo por palabras. Recuerdas esa sensación de tener que luchar por todo lo que quieres? esa sensación de que las cosas no son fáciles. De que hay que esforzarse, y mucho, para obtener lo que quieres. Y todavía más, no importa cuanto pelees, siempre hay algo que se te escapa. Siempre hay un mejor modo de hacer las cosas. Algo que pierdes, algo que no hiciste lo suficientemente bien.
Hace algunas semanas una situación me puso en ese estado. Pensando en todo lo que llevaba adentro. En todas las luchas interiores que llevo dentro. En todas las cosas por mejorar. Y todo parecía tan difícil.
Y de pronto se cuela esa suave voz en mi lista: imagina que no hay paraiso, es fácil si lo intentas. Ni infierno debajo nuestro, y encima de nosotros hay sólo cielo… Imagina que no hay nada por lo que matar, o morir… ni religiones tampoco. Imagina a todo la gente viviendo para la paz. Imagina un mundo donde no hay necesidad de avaricia o hambre, una hermandad de hombres. Imagina a toda la humanidad, compartiendo el mundo entero.
Y me doy cuenta que mis guerras interiores se parecen mucho a las guerras plantetarias contra las que cantaba John. Y siento una profunda tranquilidad cuando recuerdo que lo único que falta para hacer las paces conmigo mismo es que yo me decida a hacerlo. A no condenarme por lo que soy, o por lo que no soy. Nadie más lo hará. Y no hay un infierno esperándome “si no lo hago bien” ni un dios que me juzgará cruelmente. El único y más terrible juez soy yo mismo decidiendo, esta vez, estar de mi lado. Del lado de la armonía.
Tranquilo primo, es sólo rock & roll.
Les dejo esta versión de un cantante que a mi me trasmite much alegría
¿Sabes cómo es esa sensación de sentirte pequeño pequeño en medio del universo enorme? ¿Como un granito de arena en medio de las olas del mar? Bueno, últimamente tengo la sensación de que ese es el grado de control que tenemos de nuestras vidas. Unas hojas en el viento diría Spinetta. Algunas veces, allá afuera, hay una suave brisa de verano, y otras una torrencial granizada de invierno. Pero nosotros somos siempre hojas y nada más. Nos gusta pensar que somos dueños de nuestro destino, que si nos lo proponemos somos capaces de cualquier cosa. De algún modo sobrevaloramos nuestro tiempo y nos molestamos con todo aquel que nos lo haga perder… Pero ya ves, échale un vistaso a Japón y piensa cuantos de tus planes hubieran cambiado si eso hubiera pasado algunos kilómetros más cerca de donde vives.
Y sin embargo – como en todo lo interesante en esta vida – existe una contradicción. En este viaje en el que tenemos la misión de aprender a ser felices, uno de los pasos más importantes es tal vez aprender a tomar conciencia de nuestra propia importancia. De descubrir ese lado divino que todos tenemos dentro. De saber que nuestra vida, de la de cada uno de nosotros, tiene un valor único y especial. Que nosotros, tal como somos, con nuestros errores, sentimientos negativos, pero también con nuestra capacidad de querer, somos únicos e irremplazables. Y de hecho cada palabra y pensamiento que tienes tiene un sentido en tu propia historia.
So… ¿Cómo podemos conjugar estas ideas aparentemente opuestas? Cómo nos tomanos nuestra propia vida con la importancia que se merece y al mismo tiempo saber que no somos más que un destello en la historia del universo? Ese es el reto. Se trata de que, aún sabiendo que todo lo que construimos no son más que castillos de arena, aún así, tener el valor de querer cosas con pasión. Aunque sepamos que las cosas se terminan alguna vez, aún así, tener el coraje de comenzarlas. Aunque sepamos cuanto duele terminar una relación, aún así tener las agallas de volver a enamorarnos. Aceptar la vida sin sentir la pasión de querer cosas nos convierte en personas vacías, y por otro lado, el ser apasionados sin aprender a aceptar nuestra pequeñez nos convierte en soberbios.
Esta es la clase de cosas que no se pueden entender con la mente, sólo sentirlas. En un momento sientes la importancia de la vida, y al siguiente la humildad frente al universo. Y en el corazón, sólo en el corazón, no son contradictorios.
Hace 28 años comenzó el viaje. En los primeros tiempos no sabía qué era un viaje, pero aún así viajaba. No podía caminar sólo y me enseñaron el camino. Descubrí el miedo y la alegría, dos sentimientos básicos que – como en la alquimia – se pueden mezclar entre sí y con otras cosas y nos da toda una gama de emociones. El viaje ha sido largo, duro, bello, corto.
Las partes que más recuerdo de este viaje suelen ser aquellas en las que más vivo me sentía. Claro que el estar vivo no necesariamente significa momentos alegres. El dolor también te recuerda que estás vivo. Recuerdo recortar cartulinas para construir carritos y luego pintarlos con temperas y luego coleccionarlos en mi cuarto. Pero también recuerdo perder partidos de basket… y perder otras cosas también.
Las partes que menos me gustaron de ese viaje han sido cuando estaba dormido, o mejor dicho cuando no estaba completamente despierto. Dormir es una fea costumbre de los mayores que no tiene que ver con cerrar los ojos, sino con dejar de vivir y experimentar cosas nuevas durante mucho tiempo. Comfortably numb dirían los pink floyd.
En este viaje encontré otros viajeros. Algunos todavía caminan conmigo, pero todos todos me dejaron algo. Mis queridos compañeros de viaje… gracias por estar en mi camino. Y lo digo por todos. Por los que me entienden más, pero también por los que me miran raro cuando hablo. Por los que son mis almas gemelas, pero también por los que son como mis espejos.
En este viaje aprendí pocas cosas que valgan la pena, pero son tan importantes que las llevo en la piel. En este viaje ya no busco ser mejor persona, ni superman, ni siquiera intelectual. Descubrí que lo único que quiero ahora es sentirme querido como soy. Por quien soy. Con la misma behemencia que un niño quiere ser parte del juego. Aprendí que la soledad, como la libertad, son un estado de la mente. Y aunque aún siento el acecho de los sentimientos tristes mi plan es reconciliarme conmigo mismo, espero que pueda . Aprendí que en cada uno de nosotros, mis compañeros de viaje, hay algo de divino. Y ésta ha sido la iluminación más bonita que he tenido. Cuando descubres esa parte divina que hay en ti mismo, aprendes a leer la belleza de todas las pequeñas cosas, y de paso entiendes las canciones de la Morisette
Aún llevo en mí partes que están en guerra conmigo mismo. Y cuando miro adelante en el camino, aún veo muchos horizontes, muchos lagos y muchas montañas que parecen imposibles de traspasar. No me voy a mentir, aún siento mucho miedo, pero también siento en mi un impulso por explorar, por conocer, por sambullirme en los mares y por escalar las montañas y volar, hasta sentirme cansado, pero siempre, siempre feliz.
Un abrazo para todos ustedes, mis compañeros de viaje , los dejo en compañía de buen rock and roll, “el jefe” (Clic en CC para subtítulos)
La escena comienza con una canasta de metal que se balancea de un lado al otro. Delante de esta canasta se distingue una vereda de color marrón con unas señales de ciclovía. Las señales van quedando atrás pero siempre aparecen nuevas.
La mañana es gris y escuchamos en una voz en off los pensamientos del ciclista: Que solo me siento por la puta! rodeado de decenas, cientos, miles de personas y aún así sentirme solo.
Aparece al lado izquierdo de la pantalla la espalda de un ciclista que obliga a la cámara a moverse brúscamente hacia el lado derecho. Con un poco de esfuerzo y después de algunos segundos las señales de ciclovía vuelven a aparecer al centro de la imagen. La espalda del ciclista se va alejando cada vez más para luego bajar a la pista en donde se pierde en la estampida de carros.
Como a 50 metros de nosotros se empieza a distinguir un cartel que nos avisa que la temperatura es de 5º y que son las 9:27 am.
Algunos metros más adelante semáforo en rojo. La imagen deja de avanzar y ahora enfoca la rueda negra y desgastada. Dos segundos, tres, y nuevamente la voz en off: esa horrible sensación de sentir que quieres tocar a todo el mundo, pero no te atreves, que lo único que quieres es ser entendido.
La cámara vuelve a mirar al semáforo y ahora está en verde.
Hay carros a la derecha y a la izquierda y la calle va quedando detrás.
Se ve aparecer nuevamente una vereda con señales de ciclovía. Una pequeña rama de árbol se asoma tímidamente por la esquina derecha de nuestra pantalla. Las señales de ciclovía dibujan una pequeña curva y unos 20 metros más delante aparece una ciclista, o más bien dos en un mismo vehículo. La que no maneja va sentada en la parrilla de atrás mirando hacia la cámara. Va además sujeta con un ingenioso conjunto de cuerdas. Debe tener unos 4 años y lleva una linda capucha de color rosado, y por la sonrisa que nos muestra la está pasando en grande. Nuestras valientes aventureras doblan la esquina y se unen a la estampida.
La cámara apenas vuelve a las ciclovías y nos aparece de la nada otra ciclista que nos viene a dar el encuentro. Lentes oscuros, auriculares blancos, abrigo de cuero y una sonrisa de esas que delatan la travesura que hizo la semana pasada. Pero con la misma velocidad que aparece deja la pantalla.
Seguimos avanzando y llegamos así a la siguiente esquina donde al otro lado de la calle vemos aparecer un hombre como de 50 años vestido finamente con un traje de color verde y una señorial calva. De pronto notamos que este hombre sin perder una pizca su elegancia va recorriendo su camino montado en un monopatín. Y que además, en un alarde de destreza y coordinación, nuestro nuevo héroe avanza llevando con la mano derecha – un poco encorvado eso sí – una bicicleta de niños de color morada. Mira a la cámara y notamos en su gesto un amago de vergüenza.
Cruzamos la calle y aparece debajo de unos árboles el estacionamiento. En el último giro antes de frenar completamente distinguimos en el horizonte el mar. Y una gota cae justo en el centro de la pantalla, y se resbala dejando un camino.
FIN
Lo curioso es que después de haber escrito el post se me dio por ver el video y cuando vi que aparecía una chica en bicicleta me salió una sonrisa. Bueno, ahora tienen 2 paseos por el precio de uno
“Si quieres cambiar el mundo, comienza por tu cuarto” , ¿Quien no ha escuchado esa frase de sus papás alguna vez? Hoy se me ha venido a la mente como una frase que muestra de una manera perfecta la dualidad que muchas veces me persigue. Recuerdo, hace ya varios años, una obsesión personal por encontrar las reglas sobre las cuales el mundo “debería funcionar”, las reglas sobre las cuales yo “debería funcionar”. Recuerdo haberme pasado horas dándome vueltas en la cama intentando descifrar, por ejemplo, si era “correcto” que me gustara una chica mientras mantenía una relación con otra.
A los 23 años, una nueva forma de ver las cosas llegó a mi, un regalo de la vida diríamos. En lugar de mirar hacia afuera e intentar encontrar reglas que funcionaran de manera general, concentrarme en lo que sentía. Sin juicios de valor, sin intentar encontrar lo universalmente correcto. Simplemente aceptando que lo que siento, es exactamente lo que debería sentir. Y así está bien.
Esta dualidad, de concentrarme en mi, o en el mundo, fue mi gran descubrimiento del siglo. Los políticos por ejemplo son personas que piensan siempre de manera general. La sociedad como conjunto, también lo hace. Eso explica conceptos como “costo político”, o “políticamente incorrecto”. “Costo político” es la forma elegante de justificar torturas y genocidios. La sociedad tampoco se salva, sino mira lo fácil que es aceptar la pena de muerte para “ciertos elementos”. Hitler hubiera estado encantado con estos términos…
Pensemos por un momento. Hitler argumentaba que los viejos y los descapacitados eran un costo para el estado por su falta de producción. Cuando se hacía un balance sobre lo que aportaban y lo que se gastaba en ellos, los números decían que había que eliminarlos. Instintivamente todos sabemos que hay algo que está terriblemente mal en esa forma de pensar, pero ¿Qué es? Esta es la dualidad a la que me refiero… es imposible responder a esta pregunta intentando verlo de manera “general”. Intentando argumentar. Para mi, la única forma de responder esta pregunta es mirando hacia dentro. Cuando miras hacia ti mismo, y descubres la belleza de la vida, de tu vida, descubres la belleza y la importancia de cualquier vida humana. Y eso es la único que nos detiene a estas atrocidades: los sentimientos.
Hace unos meses un periodista independiente publicó en wikileaks documentos clasificados del gobierno de los estados unidos. En ellos había información detallada de torturas y “malas prácticas” de guerra, no sólo del gobierno norteamericano, sino de muchos otros países, España entre ellos. Soldados que jugaban a ser rambo y mataban civiles de una manera completamente injustificada. Por supuesto, toda esta información ha sido totalmente ocultada por los medios tradicionales. Cuando me enteré de esto, tuve una horrible sensación de que política, sociedad… son sólo inventos de unos cuantos. En el fondo, todos vivimos en un gran show de titiriteros.
¿Cómo arreglar el mundo? no lo sé, no tengo ni idea. Pero sé por donde empezar, por mi mismo. Por mi crecimiento espiritual. Las respuestas de lo que “debería hacer” saldrán luego por sí mismas. Porque esa es otra de las curiosidades de esta dualidad: cuando estás en armonía con lo que sientes, es fácil decidir, es fácil actuar.
acabo de recordar que un periodista le dijo una vez anarquista a Bob Dylan por no sugerir soluciones, jaja.
Les dejo una canción de Piero, pensaba poner Ay país, pero creo que esta es más optimista
Hay un tipo de conocimiento muy concreto, práctico, útil. Un tipo de conocimiento que yo relaciono con las matemáticas por ejemplo. O con hechos históricos. El saber que PI es igual a 3.14159… o el saber que para lograr un huevo duro perfecto se debe hervir exactamente 10 minutos.
Siempre me he preguntado cómo sería despertar un día y darme cuenta que todo este conocimiento se ha perdido. Si por ejemplo un día me levanto y no recuerdara cómo me llamo, o donde estoy o a quién quiero y a quien rechazo. Vamos a suponer un caso de amnesia espontánea.
¿Cómo actuaríamos? Aparte del miedo inicial por supuesto. ¿Qué sería de nosotros? ¿Cómo sería despertarnos un día y haber olvidado las cosas que nos definen? Si por ejemplo, solía ser un tipo tímido por una serie de miedos antes de la amnesia ¿Seguiría siendo tímido al no recordar porqué tengo miedo?
Ùltimamente he venido pensando sobre otro tipo de conocimiento, otro tipo de información que guardamos. Un tipo de conocimiento que estaría digamos en nuestras células. No sería muy descabellado pensarlo, después de todo, nosotros no somos más que un conjunto de pequeñas células que contienen información muy básica. Este tipo de conocimiento no sabe de porqués, sólo sabe. Este tipo de conocimiento no sabe deducir, calcular, medir. Sólo siente. Este tipo de conocimiento no entiende de razones, de equilibrio, de sobriedad, ni de responsabilidad, sólo siente, siente y siente. Como el miedo al dolor, al peligro o a la muerte. Como la alegría espontánea, como la risa desde lo más dentro de nuestro esófago. Como sonreir a un extraño sin saber bien porqué.
Pienso que este conocimiento es lo que más define nuestra personalidad. Me rehúso a pensar que la personalidad es algo tan frío o calculado como la imagen del superhombre que nuestra mente nos dice que debemos ser. Después de todo, la mayoría de nuestro vivir no es actuar, sino reaccionar.
Pienso que este tipo de conocimiento no se pierde con la amnesia, o el Alzheimer. Tal vez no se pierde ni siquiera después de morir. Hoy quiero llamarle alma a este conocimiento. Hoy este conocimiento sabe que todas las cosas están en una perfecta armonía: el aire, mis manos, el sol. Aunque a veces, esa armonía se eclipsa bajo la luna. Quién sabe mañana. Porque lo mejor de todo, es que este conocimiento es caprichoso. Hoy lo sientes, y mañana no. Y pasado mañana escuchas una canción que te recuerda lo que en el fondo has sabido siempre.
Ese conocimiento además, es muy caprichosohttp://www.youtube.com/watch?v=6r5RnTQJAEY
Ayer tuve un sueño un poco perturbador que probablemente esté relacionado con “Inception” la película que fui a ver al cine ayer. Yo estaba en la universidad y habían muchos chicos junto conmigo escuchando una clase de historia. El profesor era muy interesante, parecía casi un filósofo y estábamos todos parados mirando por la ventana mientras lo escuchábamos.
Pero el resto de clases eran muy malas y uno de los chicos tenía una cara muy triste y miraba por la ventana hacia el vacío. Todos sabíamos que este profesor de historia era el único que nos entendía y que los demás sólo estaban ahí para volcar todas sus frustaciones sobre nosotros. No eran felices con su trabajo, no tenían la más mínima intención de trasmitir conocimiento. Sólo querían cobrar un sueldo que les permitiera seguir con sus vidas y de paso sentirse superiores a alguien, almenos en un lugar por algunas horas.
El chico de cara triste saltó por la ventana. Y de pronto, desde el edificio del frente, otros 3 saltaron. Y desde mi clase, otros tantos más. En total unos 10, todos con esa cara de descorazonados. Con esa cara de protesta. Este no es el mundo que me prometieron cuando crecía.
Hoy por la mañana me vino a la mente esta canción que conocí el año pasado. Fue escrita en 1972 por el mítico David Bowie, y de algún modo habla sobre todos estos sentimientos. De cuando eres joven y aprendes que hay personas muy tristes en la vida, tan tristes que no te van a dejar reir.
El profesor kusakabe junto a sus dos hijas: Satsuki y Mei, acaban de mudarse al campo buscando estar más cerca al hospital donde se recupera su esposa y madre de las niñas. Satsuki (10) y Mei (4) pronto descubren que la casa donde les toca vivir está habitada por espíritus del bosque. Espíritus que por cierto, al notar que han llegado personas nuevas, deciden mudarse.
La fiesta se hubiera llevado en paz y la trama no daría para mucho si no fuera porque las pequeñas tienen demasiada energía en su organismo
En la siguiente escena Mei, la menor, decide llegar al fondo del asunto y persigue a uno de los espíritus del bosque.
Al terminar de ver la peli terminé con una sonrisa enorme. Aunque sean dibujos animados, Hayao Miyazaki logra transmitir una enorme cantidad de energía a través de risas, gestos, ojos, bocas de cada uno de los personajes.
Se me vino a la mente una vez que subía por las escaleras eléctricas, una señora iba unos escalones delante de mi. Junto a nosotros, por las escaleras normales, iban sus 2 hijos compitiendo entre ellos por quien terminaba de subir primero. Una vez que llegaron al escalón más alto, y al ver que a su madre aún le faltaba un trecho, decidieron bajar corriendo para así poder comenzar otra carrera
Y nosotros luchando por llegar al final del día. Escogiendo el camino más rápido para llegar a la cama. Digo yo, ¿En qué momento se perdió toda esa energía? ¿A quién o a qué se la dimos? ¿A quién o a qué se la entregamos cada día? ¿En qué momento la vida se hizo tan pesada que contamos los pasos para no dar ninguno de más? En fin, recomendada 100% la peli, y hablando de camas yo me voy a dormir que ya son las 2am.
¿Te acuerdas la última vez que pusiste tus energías en algo que para los adultos no tenía mucho sentido?
Tal vez la mejor canción que puede haber para un día como hoy
Por todas aquellas veces que nos hemos sentido poco entendidos. Por todas las rabias aguantadas. Por todos los momentos alegres también, las cosquillas los domingos por la mañana y los juegos de ajedrez que no le pude ganar. Un pequeño regalo para recordar todos esas sensaciones.
La canción tiene una peculiaridad, no es un monólogo, sino una conversación entre un padre y un hijo. Para entenderla mejor noten los cambios de voces agudas y graves. Las estrofas cantadas con voz grave corresponden a lo que el padre dice, y las agudas a las respuestas del hijo.
El señor Steven Demetre (Cat Stevens), rebautizado como Yusuf Islam, nos cuenta la historia que se repite durante siglos. Las historias de padres e hijos siempre tienen ese sabor agridulce. Ese sabor dulce del amor que tratan de darnos y las esperanzas que ponen en nosotros, y ese sabor amargo también de las culpas y miedos que a su vez ellos heredaron de sus padres.
Tiempo de compartir. ¿Qué momento recuerdas con tu padre? Cualquiera. Alegre o triste. De ayer, o de hace muchos años. Y tranqui, no hace falta que le pongas miel al recuerdo
A los 21 años vi Psicosis y escuché The Wall por primera vez. A partir de ese momento tomé conciencia de que habían cosas que otros habían hecho antes de mi. Antes de que yo naciera quiero decir. Genios que se hicieron unas songs capaces de emocionarme, introspectivos que filmaron cosas tan personales, locos que hicieron cosas realmente raras.
A partir de ese momento... comenzó un viaje de exploración por toda esa música y pelis del pasado. Y este blog es para compartir esa exploración. Muchas veces me pasa que encuentro una canción del 70 y digo: ésta tiene que escucharla Rafo (o Renzo) de todos modos! y la pongo en mi facebook, pero decidí que ya es momento de dejar testimonio más organizado de todo esto. Punto