Freud, la pasión secreta

“3 Fuertes golpes asestados a nuestra vanidad” comienza diciendo una voz en off.

“Antes de copérnico, creíamos que éramos el centro del universo. Que todos los cuerpos celestes giraban alrededor de nuestra tierra.

Antes de Charles Darwin, el hombre creía que era una especie en sí mismo. Independiente del reino animal.

Antes de Sigmund Freud, el hombre creía que lo que decía y lo que hacía era producto únicamente de su voluntad conciente. Pero el gran sicólogo demostró la existencia de otra parte de nuestra mente, que funciona en la clandestinidad y que puede, incluso, gobernar nuestras vidas…”

Así es la cosa entonces. Resulta que viene este buen hombre y me dice que mis acciones no son tan libres ni tan independientes como me gustaría creer. Que si una persona me atrae, no es realmente tan mía esa sensación. Y probablemente tampoco lo sea mi decisión de formar una relación.  Probablemente esta chica me empezó a gustar por reflejos de mi vida anterior.  Un carácter fuerte por ejemplo que me enseñó a valorar mi madre. Y la decisión de la relación probablemente venga en parte de la necesidad de un refugio. De un miedo a la soledad. Por supuesto, para la mayoría de nosotros probablemente esto no sea 100% verdad. Además del miedo a la soledad, está el deseo de construir algo. Pero con que ese miedo a la soledad sea un 10% de mi motivación, es suficiente para detenerme a pensar.

¿Hasta qué punto somos realmente libres en nuestras decisiones? ¿Hasta qué punto vivimos nuestras vidas libremente, y hasta qué punto vivimos la vida de nuestros mayores influenciadores, nuestros propios padres? Los miedos que nos traspasan, sus objetivos de vida, esas cosas con las que siempre soñaron (ser populares, divertidos, saber muchos idiomas, seguridad económica, etc. etc.), y que como sienten que no pudieron alcanzar lo reflejan en nosotros, sus hijos.

No me malentiendan. Aquí no hay culpas ni pecadores. Es una ley de vida. También nos tocará a nosotros hacer lo mismo con nuestros hijos y dependerá de ellos lograr independizarse de nuestra sombra de padres. La relación  padres/hijos siempre es agridulce, y el que no ha saboreado el amargo es porque no ha escarbado suficiente en sus recuerdos.

=) de hecho, de eso se trata, de quererlos así, aún conociendo ese sabor amargo, quererlos.

Feliz día mamis.

PD: La película se llama “Freud, the secret passion” (1962), vale la pena vérsela unas 3 veces como mínimo.

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~ por luchhh en mayo 9, 2010.

Una respuesta to “Freud, la pasión secreta”

  1. [...] rebautizado como Yusuf Islam, nos cuenta la historia que se repite durante siglos. Las historias de padres e hijos siempre tienen ese sabor agridulce. Ese sabor dulce del amor que tratan de darnos y las esperanzas que ponen en nosotros, y ese sabor [...]

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